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Cuando estamos ante un niño que no come bien siempre tenemos tendencia en fijarnos en la calidad nutricional de su dieta o si el rechazo es por texturas o si hay implícita una cuestión de conducta, por ejemplo. Pero a veces olvidamos lo más básico, cosas tan simples como ¿dónde come? o ¿cómo se sienta?

Vivimos en un mundo caótico en el cual la conciliación laboral para muchos es un sueño. Vamos rápido, muy rápido. Y en muchos casos se trabaja todo el día y solo queda disfrutar del momento de la cena. Pero disfrutar de ese momento con un crío que presenta un desorden de alimentación pues la mayoría de las veces no se da.

Y ahí es cuando se hace la cena basada en alimentos que le gustan y dejamos que coma donde esté más tranquilo y pronto a dormir. Ocurre mucho, por ello vamos a exponeros 2 aspectos clave y muy básicos para que podáis incluirlo en su rutina diaria. El primero de ellos es dónde come.

 

COMODIDAD ANTE TODO

¿Dónde come?

 

Es muy importante el lugar, no asociéis estar cómodo con tener por costumbre comer en el sofá. Tras todos estos años y miles de videos visualizados vemos como muchos niños comen en el sofá normalmente en frente de un enorme televisor. ¡NO, POR FAVOR!

Puede haber alguna ocasión, por ejemplo, la cena del domingo o cuando vamos a casa ajena que podamos excepcionalmente comer en un sofá, pero hay que acostumbrar a los niños desde pequeños a comer en el lugar de comer, con su respectiva mesa y su silla.

¿Y qué lugar elegir? Pues va a depender de muchos factores. Si la familia tiene costumbre de comer a la vez y el niño no presenta ningún tipo de arcada o vómitos al ver comida ajena la mesa familiar puede ser una buena opción. También hay que tener en cuenta qué tan rápido coma o si está 2 horas para terminarse la cena.

Es indispensable que la luz del lugar no le moleste, por ejemplo, las luces blancas de la cocina o los halógenos en el salón. Suelen ser muy intensas y producen rechazo a muchas personas autistas.

También el sonido, elegir la cocina mientras está puesto el lavavajillas puede molestar y mucho.

Comer al lado de una ventana también puede producirle ansiedad y más si la misma está abierta. Hay muchísimos aspectos a analizar. Por ello elegir el mejor lugar es clave, debe de estar tranquilo y cómodo porque el momento de la comida debe de ser un momento de disfrute y no de caos.

Sea cual sea el lugar elegido vamos a por el segundo aspecto: cómo se sienta.

 

SENTARSE CORRECTAMENTE PARA COMER

¿Cómo se sienta?

 

Y es que, aunque parezca una tontería, no lo es.

Muchos peques (y no tan peques) presentan hiposensibilidad al movimiento, motivo que les lleva a estar en constante búsqueda del mismo y puede ser una auténtica odisea mantenerlos sentados durante todo el transcurso de la comida. Otros son hipersensibles y estar en una silla alta o encima de un taburete les puede generar mucha inestabilidad gravitacional. Sea cual sea el caso, es prioritario estar cómodo durante la comida.

El niño debe de estar bien sentado, debe de apoyar sus pies totalmente sobre el suelo. Nada de pies colgando o que solo llegue de puntillas.

Su extremidad superior debe de quedar entre la altura del pecho y superior al ombligo en línea a la mesa. Debe de poder apoyar sus codos sobre la mesa. Y a su alcance, a parte del plato o bandeja y sus respectivos cubiertos, debe de tener su servilleta y su vaso o botellita de agua (salvo en algunos casos). Esto le proporcionará mejor uso de los cubiertos para lograr la tan ansiada autonomía.

 

 

El respaldo variará depende de las características del niño. Si es un niño que se balancea le dejaremos hacerlo y su silla deberá contemplar esto, por ejemplo, una silla con un asiento amplio y un respaldo a media altura. Si por el contrario es un niño con inseguridad gravitacional es mejor una silla con un buen respaldo para que el niño se sienta seguro.

En bebés la trona es la mejor opción pero hay que hacer una transición correcta cuando llegue la hora de dejarla.

Si elegimos el mejor lugar pero luego el niño está sentado con los pies colgando o no llega bien a alcanzar su agua porque su silla es demasiado baja no estaremos creando ese lugar y momento bueno para él.

Hay que tener en cuenta muchísimas cosas, lo sé. Pero es clave saberlas. Ponerlas en práctica al principio puede costar pero una vez se adquiere la rutina él o ella misma será quien elija dónde comer y cómo sentarse, hasta fuera de casa.

¿Y qué habremos logrado? Un punto de independencia, un momento agradable y mejorar su relación con la comida. Si quieres aprender más te esperamos en nuestra Escuela Online.

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