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Cuando empiezan a darse las primeras señales que le hacen a una familia alarmarse de que la alimentación de su hijo está viéndose resentida la mayoría de casos optan por ir a su pediatra a consultar. El grado de desesperación dependerá de cuán retroceso esté dando su hijo o hija o, y voy más allá, qué hitos de la alimentación no está adquiriendo.

Generalmente la alarma aparece en esa transición de la alimentación líquida y triturada a los sólidos. Las familias empiezan a acumular experiencias en rechazos, arcadas incluso vómitos y a que todo por parte de su hijo sea un rotundo NO. Y muchísimas veces ese peque aún ni tan siquiera tiene un diagnóstico de autismo firme, en ocasiones no existe ni la mínima sospecha del mismo.

En esta entrada vimos las señales de alerta, una de las entradas más vistas y compartidas que denotan que sigue habiendo un total desconocimiento ante esta problemática en la población en general, no solo familias sino también profesionales. Y, si bien en la mayoría de casos se dan cuenta ante esa transición yo, hoy en día, me remontaría más atrás: En la transición de la leche materna o de fórmula al triturado incluso, en los casos más visibles, la propia toma de la leche. Pero para ello ha hecho falta abordar muchos casos en mucho tiempo y ver que, aunque más sensibles las señales, ahí empiezan a asomarse.

Independientemente de cuándo se dan cuenta han tenido que ocurrir una serie de hechos (o no ocurrir lo que se espera) para empezar a ponerse nerviosos y pedir cita con el o la pediatra del niño. Y ahí empieza todo.

 

ENTRANDO A LA CONSULTA DE PEDIATRÍA

 

La familia se sienta en la consulta y empieza a contarle al profesional qué está pasando y pueden decir una o varias afirmaciones:

 

  • Le intenté dar patata a daditos y no hay forma.

  • No le gusta el jamón york, ni el pavo, ni el pollo…

  • Si no le doy su puré triturado no come.

  • Le agregué a su puré unos trocitos de salchicha y ni salchicha ni quiso su puré.

  • Vinieron los abuelos, hicimos una cena especial y no quiso ni sentarse.

  • Mira nuestra comida con asco.

  • No le gusta la sopa de arroz pero sí el arroz, si lleva caldo se pone a gritar.

  • No le gusta ninguna fruta, le da todo asco.

  • Nunca pide comida, tampoco agua.

 

Y así podríamos estar una semana, contando reacciones que ha percibido la familia y les llevaron hasta la consulta de pediatría.

La reacción del pediatra dependerá de dónde viva, ¿por qué? Porque lo lógico es que el pediatra haga una derivación a Atención Temprana si existen indicios de autismo y para ello la consulta no será solo sobre alimentación, vendrá acompañada de, por ejemplo:

 

  • No señala.
  • No juega.
  • No me mira.
  • No hace caso de otros niños.
  • En el parque pasó X situación y las otras mamás me miraron con preocupación.
  • Tiene muchas rabietas.
  • Etc, etc, etc.

 

Por ello, si el pediatra vive en Madrid lo derivará al Servicio de Atención Temprana para realizarle las evaluaciones pertinentes, si no hay lista de espera, que esa es otra. Como se encuentren con el servicio saturado y listas de espera se va a ir alargando el tiempo y complicándose la alimentación aún más.

Pero si vive en alguna zona de México o Argentina, por ejemplo, donde no hay ningún servicio pues el pediatra debería de dar pautas a la familia. Y eso no suele ocurrir. ¿Por qué? Porque la figura del pediatra no se ha contado para esta labor y para nosotros es fundamental.

 

LA LABOR DE PEDIATRÍA ES IMPRESCINDIBLE

 

Independientemente de la zona donde vivan, (es injusto que se dependa de esto pero es la realidad), el o la pediatra debería de poder dar pautas, por lo menos para que no se agrave más la situación.

¿A cuántos niños atiende un pediatra? A muchos, muchísimos. ¿Os imagináis el impacto si ese profesional tiene la formación correspondiente y puede, no solo derivar, sino asesorar también a las familias que llegan desesperadas con este problema?

Nuestro parecer ha cambiado desde hace unos años al respecto. Si bien optábamos por la derivación ahora optamos por también ofrecer las pautas (aunque sean mínimas) para que la situación no empeore. Y ver la realidad nos ha llevado a este cambio porque la misma nos dice que, entre listas de espera y falta de servicios va pasando el tiempo y los retrocesos van a peor, la desesperación de la familia aumenta y esta y otras cuestiones se pueden evitar.

Además hemos constatado como cuando hemos apostado por ello y hemos formado a pediatras los resultados han sido muy óptimos y han tenido un impacto a gran escala. Siempre hemos apostado por el abordaje multidisciplinar, ¿por qué no incluir esta disciplina tan importante en la vida de los niños con la que no se contaba para tal labor?

Os dejo con una gran frase del pediatra Ernesto Sánchez que me encantó. Ojalá sigamos cambiando las cosas.

“La pediatría es una especial manera del quehacer médico en una época de la vida con características y atributos especiales”. (Sánchez Villares)

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