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  • ¿Te imaginas que te obligaran a comer algo que no te gusta, no poder beber agua ni controlar los cubiertos?
  • ¿Y si sumamos que no puedes ni moverte y tampoco puedes protestar? Si sigues leyendo vas a conocer «la técnica del Dog Chow»

 

Hace algunos años, unos 10 creo, fue cuando visualicé el primer vídeo que me estremeció. Lo había escuchado, incluso conocía a alguna familia que me comentaba cómo estaban resolviendo los problemas de alimentación de su hija o hijo de esta forma. Yo no daba crédito ni entendía cómo se abordaba el problema de esta forma, pero verlo, ¡verlo fue impactante!

Una mezcla entre tristeza acompañada de muchos lloros y un cabreo terrible. Si contado no me lo acababa de creer al verlo fue como si me cayera el mundo encima, como si la esperanza se me desvaneciera por momentos, como si la coherencia se hubiese esfumado y sí, ví una forma de maltrato envuelto en un halo de inconsciencia. O eso quiero pensar, que la persona que estaba realizando dicha “terapia” no sabía ni lo que estaba haciendo.

De la niña no me olvido, recuerdo desde su cara hasta la voz.. las pocas veces que le dejaron protestar. Pero desgraciadamente no fue la única y no es la única. Tras esos vídeos ví muchos más, hemos visto muchos más y, cuando pensábamos que había desaparecido o por lo menos ya no era tan habitual, ¡zas!, últimamente nos siguen llegando vídeos similares. Solo en el mes de marzo ya nos enviaron 3. Y ahora voy a intentar aparcar los sentimientos para contaros de la forma más objetiva de qué va esto…

Una niña o un niño entra en “terapia”, en adolescentes no lo hemos visto, solo en niños pequeños. Entran solos, nunca les acompaña un adulto (supongo que si les acompañara algún progenitor lo de Will Smith de esta semana se hubiese quedado corto) y allí se encuentran con el o la “especialista”.

A veces se saludan y a veces incluso ni eso, al grano directamente. En la habitación se ve una mesa bajita que siempre está separada de la pared con una silla, se sienta el niño o niña y se le arrima la mesa a tope, hasta que no se pueda mover. A veces está el plato puesto y a veces “ el profesional” lo coloca en la mesa una vez está sentado o sentada.

 

Y EMPIEZA LA ACCIÓN

 

Le da un trozo de lo que sea, -pollo, pescado, pasta, verdura, legumbre-.. con la cuchara o el tenedor, el cubierto siempre lo controla el adulto acompañado de un “traga, traga” e inmediatamente se le da un pequeño dulce: lacasitos, m&m, sugus…. cualquier golosina. Alguna vez lo hemos visto con gusanitos o patatas fritas de bolsa, pero con menos frecuencia. Y vuelta al alimento, y vuelta al dulce, y vuelta al alimento al son de “traga, traga” y vuelta al dulce. El niño o niña no tiene libertad de movimiento y como mucho tiene acceso a una servilleta, nada más. El agua se le da casi al final, es decir que si tiene sed en cualquier momento NO PUEDE NI BEBER.

Ahora vienen las reacciones de los niños. Algunos lo hacen medio atragantados, con arcadas, con pausas intentando agarrar aire, unas pausas que nunca son permitidas por el adulto, “traga, traga” insisten. Otros, al no poder moverse se golpean contra la pared con la parte trasera de la cabeza, otros gritan, otros lloran….es TREMENDO. De toda la cantidad de vídeos que hemos visto solo 2 niños lograron comer, no con alegría, obviamente, sino con resignación. Desconocemos el tipo de castigos que tendrá el niño o niña si “no cumple objetivos”.

¿Es para estremecerse o no? Y a esta “técnica” que, repito, no se extingue y se sigue aplicando la bauticé como «la técnica del dog chow».

 

LA TÉCNICA DEL DOG CHOW

 

Al niño se le obliga a comer y se le refuerza con un dulce (mil veces habré dicho que jamás se usen reforzadores de comida, se pueden encontrar reforzadores de muchas maneras) pero esto más que un reforzador, es como un ADIESTRAMIENTO CANINO. El perrito me da la patita y le doy un dog chow, el perrito mueve la colita y le doy otro.

¡Pero es que son niños! A parte de que esto es un maltrato en toda regla, aunque el “profesional” lo vea como una técnica o yo que sé, -ya dije que quiero pensar que no sabe ni lo que hace-, es que además está mezclando salado con dulce todo el tiempo y eso no es EDUCAR EL PALADAR, es liarlo a más no poder. Lo que debe de producir a nivel gastrointestinal también debe de ser bárbaro.

Además que se mastica 2 o 3 veces y el insistente “traga-traga”, ¿para qué trabajar la zona orofacial, verdad? ¿Para qué masticar y deglutir de forma tranquila? ¿Para qué ejercitar los músculos tan necesarios para aprender a comer de forma correcta?

Tampoco se fomenta la autonomía porque los cubiertos los maneja el adulto, tan solo una triste servilleta para poder limpiarse pero bien rápido, no sea que pierda tiempo.

Y ese estar empotrado en una pared donde no puedes ni moverte, tan solo en algunos casos que hemos visto que ya no pueden más y se golpean la cabeza contra la misma…

Y más cosas pero a lo que voy es al TRAUMA, el ganador del adiestramiento. Porque ni gana el adulto y mucho menos el o la peque. Pero el trauma que genera todo esto te pone los pelos de punta.

La guinda del pastel es que tampoco lo va a contar, así que pongámonos un momento en su piel. Es para explotar.

 

¿REFLEXIONAMOS?

 

Luego vamos viendo los problemas conductuales si eso. Luego vamos viendo el rechazo a la comida. Luego vamos viendo ese disfrutar de la comida que nunca llega. Luego vamos eligiendo medicación porque el niño o niña se autolesiona…

Hoy es 2 de abril y creo que era un día para concienciarnos sobre este asunto. Que si eres familiar y te proponen algo similar a esto, ¡huye!. Si eres docente y sabes que hacen esto, ¡habla con la familia!

Y si eres tú el o la que hace esto… me quedo sin palabras.

Abordar los problemas de alimentación es muy complejo pero no es necesario disparar los niveles de ansiedad de esta forma, ni obligar, ni someter a toda esta barbarie. Progresividad y motivación ante todo, el niño o niña son los primero. Enseñar a comer, educar el paladar, respetar su ritmo, conocer su perfil sensorial, trabajar su rigidez convenciendo jamás obligando: RESPETO.

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