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  • La cantidad de signos que presentan los niños con autismo relacionados con la alimentación que pasan desaparecibidos en muchas evaluaciones son preocupantes.

Hay que prestar mucha atención, cualquier signo de alerta nos puede llevar a un desorden de alimentación en el autismo. Volvemos a hacer énfasis en ese 75% de niños con autismo que tienen un desorden de alimentación y cabe decir que muchos no están diagnosticados, el desorden pasa inadvertido, o, peor aún, el culpable es el autismo..

 

ALIMENTOS Y SABORES LIMITADOS

  • Reacción adversa a nuevos alimentos

  • Competencias alimenticias no acorde a la edad del niño

  • Alimentación restringida por largos periodos de tiempo

  • Se suma a conductas rutinarias extremas, solo como una cosa en un plato y solo bebo de una taza

  • Conducta inadecuada en las comidas

Schreckand Williams, 2005

 

Quizá lo más habitual es la conducta de evitación y el asco del niño a la comida. Pero no es lo único. Hay muchos efectos que debemos aprender a ver.

Desde la parte patológica es habitual que tengan una aparición muy temprana, tanto disfagias o problemas de deglución en general, generan efectos -normalmente- visibles.

En lo referido a problemas del aparato digestivo, es muy fácil ver si un niño está estreñido (por ejemplo), pero hay que saber asociar que ese estreñimiento genera un malestar e irritabilidad, al igual que con los problemas de sueño.

Hay que analizar bien y realizar registros en torno a la alimentación del niño para descartar problemas sensoriales, ya que si existe un desorden sensorial va a verse directamente implicado en los hitos de la alimentación del niño.

Otro punto a tener en cuenta es la autonomía del niño o niña en el tema que nos ocupa: Si tiene la iniciativa de llevarse el alimento a la boca, si maneja cubiertos, si sabe beber en vaso..etc.. todo eso es autonomía y, para ello, hay una implicación motriz que en caso de que exista un retraso en la misma impactará negativamente en la alimentación.

ALIMENTACIÓN

  • Similitud de texturas en su dieta habitual
  • Predilección por ciertos colores en su alimentación
  • Rechazo absoluto a cualquier alimento nuevo
  • Alteración de las temperaturas
  • Rigidez en las formas de los alimentos
  • Rechazo progresivo a los alimentos que comía

AUTONOMÍA

  • No sabe beber en vaso

  • Dificultad en el manejo de cubiertos

  • Suciedad extrema

  • Dificultad para coger una taza

  • No pide comida

  • Poco o nada participativo en torno al momento de comer

 

EVALUACIONES PRECISAS

 

La identificación de conductas, entendidas como manifestaciones de causas, y no como origen de algo, deben ser documentadas, analizadas y evaluadas. Ese proceso debe generar una línea temporal en al cual vayamos anotando la aparición de los efectos, por ejemplo, dejó de comer tal alimento en tal fecha, o inició a comer esto o aquello en tal fecha. Cuando combinamos las dos líneas de tiempo, entre los hitos de alimentación, y las manifestaciones conductuales, vemos como siempre hay coincidencias, estas nos deben ayuda a ir afinando nuestro análisis. Ojo, porque habrá conductas que nada tengan que ver con los problemas de alimentación, pero se habrán añadido a los momentos de la comida.

Se deberá evaluar al niño de forma multidisciplinar, en función de cada niño, involucraremos a más o menos especialistas. Es importante también evaluar la autodeterminación del niño en las AVD (actividades para la vida diaria), es uno de los aspectos que suelen pasar de puntillas en nuestra evaluación inicial.

A mejor trabajo previo realicemos, más fácil será el proceso decisional siguiente, de igual forma, nos va a recortar el tiempo necesario para modelar la intervención, y es que en el tema que nos ocupa, el tiempo es oro.

 

 

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