El comedor escolar es mucho más que un plato de comida. Para muchos niños con autismo, puede ser la parte más difícil del día.
En 2019 lo definí como una asignatura pendiente porque era un tema del que casi no se hablaba. Seis años después, el comedor sigue siendo un reto enorme. Esta vez quiero ir un paso más allá: entender por qué es tan complejo y qué preguntas deberíamos hacernos para empezar a cambiarlo.
El comedor escolar: un entorno lleno de retos
Mientras para la mayoría de los niños el comedor es un espacio de ocio y socialización, para un niño con autismo puede convertirse en un auténtico desafío:
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Ruidos constantes de platos, voces y movimiento.
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Olores intensos y mezclados.
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Filas largas, bandejas idénticas y contacto físico inevitable.
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Supervisión limitada en comparación con el aula.
No se trata de que no quieran comer, sino de que el contexto no siempre está preparado para ellos.

Preguntas que todo centro debería hacerse
Si queremos avanzar hacia una verdadera inclusión, las preguntas importan tanto como las respuestas. Algunas de ellas son:
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¿Quién acompaña a estos niños en el comedor?
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¿El personal cuenta con formación sobre autismo y alimentación en los desórdenes de alimentación en el TEA?
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¿Cómo se gestiona la sobrecarga sensorial (ruido, olores, luces)?
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¿Existe coordinación real entre familias, profesorado y comedor?
Del servicio al espacio educativo
El comedor no es solo un lugar para “dar de comer”. Forma parte de la jornada escolar y tiene un enorme valor educativo.
En la mesa también se aprenden hábitos de autonomía, higiene, convivencia y respeto. La inclusión no empieza en el aula y termina ahí: también se construye en el comedor.
Primeros pasos hacia la inclusión
No existen recetas mágicas, pero sí líneas claras que pueden marcar la diferencia:
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Formación específica para el personal que esté en el comedor.
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Flexibilidad en normas y rutinas (horarios, comidas..).
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Espacios alternativos o mesas más tranquilas.
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Comunicación constante entre familias, escuela y comedor.
Son pequeños cambios que pueden transformar la experiencia de un niño con autismo.
Conclusión
El comedor escolar no debería ser un campo de batalla, sino un lugar donde todos los niños puedan sentirse seguros y acompañados.
👉 Si quieres profundizar, te recomiendo leer también la entrada de 2019: Autismo y comedor escolar, asignatura pendiente
Y la entrevista a nuestra alumna Inés García Fuentes, profesora de Educación Especial en un Especial Comedor Escolar de 2024