La escuela es un entorno básico para el desarrollo a múltiples niveles de los niños en general, y de los niños con autismo en particular. Ahora bien, si la escuela no es capaz de contender con las necesidades del niño con autismo, a todos los niveles, entonces tenemos un problema.

Sin pretender caer en generalizaciones, la realidad nos dice que la mayoría de las escuelas, no sólo no están preparadas para contender adecuadamente con niños con autismo, es que son un factor de ansiedad, frustración y sufrimiento del niño, creando una serie de experiencias traumáticas que pueden generar ese efecto a muy largo plazo.

Con este artículo no pretendo hacer un drama, pero sí exponer una realidad basándome tanto en mi experiencia a lo largo de estos años realizando programas de alimentación como en las conversaciones tenidas con adultos con autismo. Y si esto sirve para crear conciencia y ser la voz de alarma, me daré por satisfecha.

 

Todos tenemos claro que un niño (trasládese a niña, joven, adolescente…) con autismo cuando llega a una escuela necesita que su currículo sea adaptado, o, en el mejor de los casos, revisado. Es decir, yo llego a la escuela y tengo mis asignaturas y tareas con apoyos visuales, quizá mi aula también esté adecuada para poder realizar una asamblea como el resto, quizá tenga en mi pupitre una lista de mis labores, con pictogramas… es decir, el centro escolar y los profesionales son conscientes de la necesidad de esas adaptaciones, las familias también.

En el recreo ídem de lo mismo, puede que haya un programa de juego para que el niño tenga estructurado su tiempo de ocio y no se la pase rodando, o uno de relaciones sociales para favorecerlas con sus iguales… Cada caso es único y requerirá de apoyos distintos.

Pero, ¿y qué pasa con el comedor escolar? Un niño con autismo se matricula en una escuela, en la entrevista con los padres se tratan temas como el lenguaje, la autonomía, …, y, tras muchos programas realizados, vemos como este último punto es que el más se refiere a la alimentación: la autonomía.

En esa primera entrevista vemos como cientos de casos se han limitado a decir que, “el niño es peculiar y come de forma peculiar”, “pero, ¿come solo o le tenemos que ayudar?!” y eso parece ser lo más relevante, si come o no de forma autónoma.

O, por increíble que pueda parecer, “el niño NO puede quedarse en el comedor escolar”. Esto lo puedo entender más, porque llega un niño que tiene una mala ingesta de nutrientes y las consecuencias pueden ser nefastas. Y si pasa algo dentro del centro, ¿de quién es la culpa? Obviamente nadie quiere tener esa responsabilidad.

Cabe decir que algún caso hay en el que sí se han tomado más molestias que estas, que se han hecho programas, pero nunca, en ningún caso, el programa estaba bien realizado, tristemente. Y el impacto es tal que cuando inicias un programa en el que sí contiendes con todo el punto número uno es ir eliminando los traumas que generó lo anterior.

Y no es por una cuestión de pura indolencia, es que existe un gran vacío de conocimiento en este área específica, que en muchas ocasiones se suple con mucha improvisación, que suele estar acompañada de poca coordinación y que, como es obvio, no suele dar los mejores resultados.

Vamos a ver un vídeo de Danny Raede, adulto con autismo, es imperdible y viene a decirnos que sepamos establecer las prioridades, ya que no lo hacemos y al centrarnos en otros aspectos dejamos la base sin solidificar. Y si la base no está sólida ya nos podemos ir olvidando del resto. Ese “resto” que es por lo general nuestra máxima. No estamos viendo a la persona en su conjunto, la segmentamos y diluimos su esencia.

 

Está en ingles, podéis activar los subtítulos y generarlos automáticamente en la configuración de Youtube.

 

La alimentación es un tema muy importante, impacta en toda la persona y si esa persona está en fase de crecimiento y desarrollo la importancia debería de ser PRIORITARIA. Y aquí, generalmente estamos hablando de niños y adolescentes, época crítica del desarrollo y por tanto de su alimentación.

Para ello debemos saber: ¿qué tenemos entre manos?, ¿de qué espacios disponemos?, ¿qué herramientas podemos utilizar?, ¿cuáles son nuestros objetivos?, ¿cómo podemos mejorar su alimentación?, y una serie larguísima de otras preguntas imprescindibles, ya que su afrontamiento impacta directamente en la salud tanto física como psíquica y por tanto, en su calidad de vida.

Para realizar un programa tan complejo debemos de formarnos, y con ello, estableceremos una lista de objetivos a tres niveles:

1. Prioritarios

2. A corto plazo

3. A largo plazo

 

Se realiza una evaluación al niño y otra también al profesional que vaya a estar con él, sea monitor de comedor, sea educador o maestro sombra, sea su tutor, sea su profesional de apoyo -Pedagoga/o Terapéutica/o, Audición y lenguaje, …- quien sea, pero será uno, el mismo hasta que el niño vaya cumpliendo objetivos.

Y a partir de aquí las características del niño deben de ser intocables, serán nuestro punto de inicio y han de ser RESPETADAS.

El forzar al niño, el incrustarlo en un lugar que le dispara la ansiedad, el no informarle – tal como él comprende – lo que tiene que comer y cómo debe de hacerlo, el hacer que coma lo mismo que el resto porque es el menú de la escuela y te aguantas,…, nada de esto funciona, y no sólo esto, sino que además vamos a conseguir saturarle sensorialmente, psicológicamente y muchas más cosas terminadas en “..ente”.

 

 

¿Y eso es lo que queremos? Obviamente NO. Muchas decisiones, objetivos y programas son realizados sin estar contendiendo con la globalidad. La compartimentación no es una buena idea, uno no puede atender al brazo derecho, otro al izquierdo, otro …, debe ser integral, las manifestaciones conductuales no entienden de segmentos, los problemas sensoriales tampoco, los estados de salud y emocionales tampoco.

 

¿Qué debemos hacer?

 

1. Análisis de las características del niño, evaluación y creación del perfil.

2. Evaluación del entorno, continente, o sea, Centro Escolar.

3. Evaluación al profesional que estará a cargo al principio.

4. Elección de los distintos menús para el niño

5. Elección del espacio o espacios donde se realizará el programa.

6. Objetivos al profesional.

7. Objetivos a conseguir con el niño.

 

Y esto es sólo el parte de ello. En la formación que ofrecemos en Cocina Adaptada tenemos programas para el Comedor Escolar que se diseñan individualmente contendiendo con todo lo anterior. Tenemos 4 niveles para abordar la problemática, si eres familiar el Comedor Escolar se empezará en el nivel 2, algunos aspectos, y se abordará en el nivel 4 de forma íntegra. Si eres profesional de educación en el nivel 2 ya diseñamos el programa.

 

 

Es gracias a las experiencias de adultos con autismo que estamos entendiendo los efectos a largo plazo de este aspecto que siempre ha sido tomado en poca consideración. Cuando tu vida ha sido un sufrimiento crónico, cuando el impacto negativo de la alimentación se ha trasladado a más de un entorno, cuando te encontrabas mal porque no comías bien (aunque no eras consciente de ello en todas las ocasiones), cuando tenías que ir al aula con el estómago vacío, cuando las excursiones eran un caos, cuando en tu adolescencia no podías acudir al lugar de quedada con tus compañeros porque te daba asco el olor, cuando no conseguiste hacer los amigos que quisiste pero has llegado a la vida adulta como un ser independiente, es más que comprensible que no quieras que tu nombre salga a la luz, así que me quedo con una frase de Virginia Woolf:

 

 

Es cuestión de establecer prioridades, por ejemplo, si tienes gripe y te encuentras mal, no vas al colegio hasta que te recuperas, es sabido que con mala salud poder concentrarse, prestar atención,…, es harto difícil, la educación es un derecho fundamental que hay que atender de forma rigurosa, pero la salud también, y aquí el orden de los factores sí altera el producto. Salud adecuada = Mejor proceso educativo. Es decir, debemos entender que la alimentación del niño y todo lo que rodea al desorden de alimentación va a incidir negativamente en su proceso educativo, de forma que hemos de atender adecuadamente y sin demora ese aspecto, ya que va a impactar de forma positiva en todo lo relacionado a la escuela, pero también en la vida en general del niño.

Permitamos que el niño disfrute de la escuela en toda su extensión, pero con el estómago lleno. De ahí, la importancia de llevar también a la escuela los programas de alimentación.

 

“Seamos conscientes del impacto que generamos en los niños”

Susana París, Creadora de Cocina Adaptada

 

 

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