Durante años, la intervención comúnmente aceptada para la intervención de los desórdenes de alimentación en el autismo se basaban en modelos de modificación de conducta, normalmente acorde a la metodología ABA (Applied Behavior Analysis), en algunos casos funcionaba, en otros muchos no ¿Por qué?

Los problemas de alimentación en el autismo no tienen, por norma general, un único detonante, suelen darse una combinación de factores, aunque es probable que exista un detonante específico, el cual, combinado con las consecuencias del mismo desemboca en un conjunto de factores que se manifiestan de forma concomitante.

En el autismo, muchas de las manifestaciones tienen un origen sensorial, pero no es lo único, hay aspectos médicos que pueden darse (disfagias, problemas en la zona orofacial, problemas con el aparato digestivo, …), que combinados con factores emocionales (miedos, fobias…) generan una manifestación conductual. La conducta es la consecuencia, no el problema en sí.

También podemos encontrar problemas sensoriomotrices, que impactan de forma global en el niño o niña, y que, a su vez, también generan manifestaciones conductuales (conductas de evitación, berrinches, restrictividad, …). Nuevamente vemos como la conducta es la forma de manifestar un problema real, pero que no siempre es obvio.

Uno de los grandes problemas que enfrenta la familia es la poca cantidad de especialistas en este ámbito, y que lamentablemente suelen basar única y exclusivamente su modelo de intervención en un modelo de modificación de conducta. Al final, trabajamos las consecuencias, pero no estamos afrontando el verdadero problema.

Vemos como muchos niños con problemas de alimentación presentan a su vez muchos cuadros de problemas en vías aéreas con consecuencias a veces preocupantes (bronquitis, neumonías, …), pero como cada problema es tratado de forma independiente no se ven las conexiones y nadie piensa en que en vez del neumólogo, quien debe tratar al niño es un logopeda y/o otorrinolaringólogo, ya que la probabilidad de que existan problemas de deglución es más que elevada. Y estos problemas de deglución desembocan en problemas de salud. Obviamente con terapia conductual no vamos a resolver esta situación.

 

En lo referente a problemas sensoriomotrices, es algo similar, debemos trabajar con especialistas en integración sensorial, ya que ese tipo de trabajo es el que va a intervenir directamente sobre las necesidades reales del niño.

La intervención conductual, o terapia de modificación de conducta es muy válida y útil en muchos ámbitos de la vida del niño con autismo, pero no debe ser vista como la única forma de intervención. El modelo ha de ser multidisciplinar, y el niño debe ser visto en su totalidad, no como compartimentos estancos no relacionados. No podemos hacer que alguien le trabaje la conducta, mientras otro trabaja la comunicación, mientras otro trabaja la lectura. El niño es un todo, y así debe ser atendido, desde una visión de conjunto.

Los desórdenes de alimentación en el autismo no son una excepción, y deben atenderse desde una visión global, analizando el contexto general del niño, de forma que se puedan generar modelos de atención adecuados a las necesidades reales del niño, y basados en evaluaciones que contiendan con todos los aspectos que puedan estar relacionados.

La conducta es una manifestación de algo subyacente, es una forma de comunicación, si alteramos y redirigimos su única forma de dar información, quizá no estamos ayudando al niño de la forma que realmente necesita.

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